Laura Alonso, ante la difícil encrucijada de investigar a su mentor político o volver al llano de las ONGs financiadas por fondos buitre

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Amor. Es el que Alonso siente por la lucha contra la corrupción, por su padrino y por su esponsor.

La CEO de la Oficina Anticorrupción, Laura Alonso, atraviesa las horas probablemente más difíciles de su meteórica carrera política. Cuestionada por la oposición y también por aliados del Gobierno, la mediática ex diputada PRO debe decidir si, como titular de la oficina encargada de controlar y combatir hechos de corrupción, se pone a investigar al CEO de la Nación, Mauricio Macri, por las denuncias sobre su participación en empresas y cuentas registradas en paraísos fiscales, o si renuncia a su puesto y vuelve al llano de las fundaciones subvencionadas por fondos de inversión especulativos como los que litigan actualmente contra la Argentina por no haber adherido al canje de deuda propuestos por el país en 2005 y 2010. A Laura Alonso, quien por estos días se encuentra en los Estados Unidos, con actividades en la Universidad de Harvard relacionadas con, justamente, la lucha contra la corrupción, los documentos revelados en los ya famosos Panama Papers la colocaron en una situación muy complicada. ¿Por qué? Porque no sólo decidió defender a su jefe político desde el exterior y sin averiguar nada sobre los motivos de las denuncias (apenas surgieron las primeras informaciones sobre las compañías offshore en las que estaría involucrado Macri, dijo que “constituir sociedad en un paraíso fiscal no es delito en sí mismo”), sino que en caso de asumir la responsabilidad que le toca por el cargo que ocupa, debería ponerse a investigar a quien le dio un lugar protagónico dentro del Pro primero, y de los gobiernos de la Ciudad y de la Nación, luego. ¿Será capaz de esto? “Sería como investigar a su padre, a su marido, a su amante, a alguien a quien la une mucho más que un vínculo laboral o de militancia”, dicen en su entorno. Como ya no es diputada, en caso de renunciar a la Oficina Anticorrupción, a Alonso le cabe la posibilidad de volver a ocupar cargos de jerarquía en Vital Voices, la fundación de la que es co-fundadora y cuya lista de financistas integra el fondo buite NML Capital, del especulador financiero Paul Singer. Sin dudas, una encrucijada a la que ni su fluida relación con el malogrado fiscal Alberto Nisman, su cercanía a la embajada de los Estados Unidos ni sus idas y vueltas en relación al secreto de los acuerdos entre YPF y Chevron pueden comparársele.

 

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